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La televisión gira en torno a un paradigma muy peculiar llamado Rating, un soberano cuyos lacayos sucumben ante su poderío, se le rinde tributo y de él depende que un determinado programa, seriado o telenovela sobreviva en la pantalla chica. El Rating se convierte en el verdadero dolor de cabeza de muchos productores , directores, actores, que ven irremediablemente como sus programas mueren prematuramente o por el contrario con beneplácito son testigos de la acogida, a veces inesperada de los mismos. 
Se dice que el Rating es la voz de la audiencia, en ultimas quien decide que ve en la televisión y desde que se implemento siempre se ha cuestionado como una fuente poco fidedigna y alejada de la realidad. Que un programa tenga un alto Rating no implica que sea de buena calidad, en muchas ocasiones la calidad no comulga con el rating y paradójicamente se dan casos difíciles de asimilar. Teniendo en cuenta que la audiencia ha aprendido a discernir y criticar el producto televisivo que consume, se presume que a falta de alternativas escoge "lo mejor de lo peor". Cada año todos los canales tienen preparada su artillería pesada, y tienden a guardar hermetismo sobre algunas de sus producciones. En esta batalla por el Rating, en la que muchas veces la calidad no está implicada y las preferencias de los televidentes son tan disímiles y variadas no se ha escrito la última palabra, siempre habrá sorpresas y seguirán aplicando aquellos dichos que rezan: "Entre gustos, no hay disgustos", y "El televidente siempre tiene la razón".
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